De todas las disciplinas que tiene el modelismo la que más me ha llamado siempre la atención ha sido el aeromodelismo. Eso de hacer volar un avión tienen para mi algo mágico que en muchas ocasiones me hace recordar lo que tuvo que ser el inicio de la aviación para esos pioneros ilusionados que alcanzaron el Olimpo de los héroes.
Hasta hace no muy pocos años aventurarse por libre en el aeromodelismo era poco menos que una locura. Se gastaba el dinero en algo que no aportaba ninguna satisfacción porque acababa, en la mayoría de los casos, con el avión estrellado y roto. Mis inicios no distan demasiado de lo que describo. Compré un entrenador hace algunos años, un avión que se supone sirve para que los inexpertos aprendan a volar, de ala alta y con un motor de explosión de 5 centímetros cúbicos. El dueño de la tienda que me lo vendió me aseguró que una vez que lo hubiese construido se iría conmigo al campo de vuelo y me enseñaría a volarlo. Y efectivamente así fue.
Un dia de primavera soleado y con poco viento nos fuimos pertrechados con todo lo necesario. Enseguida me di cuenta que aquello no era para novatos, mas bien para gente curtida y poco pusilánime. A duras penas arrancó el motor, después un buen rato de intentos. No teníamos arrancador y había que ponerlo en marcha a base de darle golpes con el dedo a la hélice. Cuando arrancó hubo que afinar la carburación porque el motorcito no iba redondo. El caso es que este señor metió la mano para ajustar la aguja del carburador con la mala suerte de que la hélice le pilló dos nudillos de la mano derecha. Llevaba un montón de años con el aeromodelismo y tuvo que ser conmigo con quien tuviera el accidente. Lo llevamos mi padre y yo al hospital, tenía un corte no demasiado profundo y pensamos que sería cosa de tres o cuatro puntos de sutura, pero no, resulta que le rompió parte de los tendones y tuvo que pasar por quirófano, y no sólo una vez, sino varias, perdiendo al final parte de la movilidad en uno de los dedos. Todo eso sin que el avión hubiese despegado.
A la semana siguiente ansioso por ver si aquello volaba, me fui a un campo de vuelo que era frecuentado por aficionados, y como en este mundillo, todos quieren ayudar, enseguida encontre pilotos dispuestos a volar mi avioncito. Y voló, he incluso me dejaron que diera unos giros cuando estaba bien alto, fue muy emocionante. Al ir a aterrizar, se rozó en una de las alas y el papel que la cubría se rompió quedando las costillas al descubierto por la parte de abajo. El caso es que mi piloto lo volvió a despegar, aduciendo que aquello no tendría consecuencias y estando bien alto, hizo una cosa rara y cayó en barrena. El trozo mas grande que quedó no tenía mas de cinco centímetros.
Esa fue mi primera experiencia aeromodelística y ya no quise más vistos los resultados. Me conformaba con ir a ver volar los aviones de la gente de vez en cuando. Unos años después, en una exhibición, vi unos planeadores que despegaban con una goma muy larga y que volaban muy bien. No tenían motor y solo necesitaban un par de servos para girar y subir y bajar. Me dije: "esta es la mia" entre otra cosas porque le había cogido miedo a las hélices. Me compré un planeador de madera de balsa que también construí y que tiré a mano un par de veces rompiéndose el morro y un ala. Voló menos que un avión de papel y quedó encima de una estantería en un trastero.
Hace muy pocos meses, en una visita dominguera a un club de aeromodelismo vi a un señor que volaba un avión eléctrico y me sorprendió lo bien que lo hacía. Al entablar conversación me dijo que fabricaban para los principiantes unos de "corcho" que eran irrompibles. Otra persona conocida me facilitó la dirección de un foro de internet llamado Miliamperios que está dedicado al aeromodelismo. A partir de ese dia, todo fue felizmente diferente... y la culpa la tuvo un avion llamado Easy Star. Os invito a que en las páginas siguientes descubrais una pequeña maravilla.


